En contra de medicar

No hace muchos días cayó en mis manos una entrevista editada por Sinc (Servicio de información y noticias científicas) primera agencia pública española especializada en información sobre ciencia y tecnología. Se la realizaban a Allen Frances, prestigioso psiquiatra americano que fue coordinador de la anterior edición del Manual de los trastorno psiquiátricos DSM-IV y ahora en desacuerdo con la actual edición, DSM-V, porque opina que se está exagerando sobre los criterios con los que diagnosticamos a los pacientes. Más o menos viene a decir que los criterios diagnósticos de los trastornos son tan amplios que un gran número de personas podrían pertenecer a un grupo determinado de pacientes. Concretamente hace referencia a problemas de la infancia y nombra el tan controvertido diagnóstico del Trastorno de déficit de atención.

Una vez más nos preguntamos ¿se está sobre diagnosticando? Y lo que es peor ¿se está sobre medicando?

La respuesta está clara y desde mi punto de vista es un rotundo sí.

En población infanto-juvenil, los tratamientos se recetan “alegremente”, sin evaluaciones correctamente realizadas. Yo nunca le daría a mi hijo un tratamiento para el hierro sin realizar un buen análisis; no le pondría gafas sin haberle graduado correctamente la vista; y, por supuesto, no le daría un psicofármaco durante toda su etapa escolar para que estuviera correctamente sentado en el colegio y aprobara las asignaturas.

Y en población adulta, tres cuartos de lo mismo. No le daría a mi madre una medicación para la hipertensión sin haber constatado con valoraciones previas que es hipertensa; no le pondría un audífono sin evaluar su posible hipoacusia; y desde luego, no le daría un psicofármaco para dormir porque tuviera preocupaciones naturales y lógicas de la vida.

Dice Allen Frances en la entrevista cuando le pregunta el periodista si en España hay sobremedicación: “Tenéis una tasa de desempleo del 25%, los jóvenes que se gradúan en la universidad no saben si tendrán trabajo, los jubilados sufren por sus pensiones… Es normal que estas personas se angustien y estén tristes. Es una reacción normal de la condición humana.Y esto no lo arregla una pastilla. Los españoles estarías mejor si durmieseis un poco más e hicierais más ejercicio. Hay que proteger a la gente de tomar una pastilla para cada problema. La solución de muchos conflictos dependen más de la resiliencia humana, del apoyo de la familia, del tiempo, de la psicoterapia… Todo esto puede ser mucho más útil para vuestros problemas que tomaros una pastilla.”

¡Qué gran verdad!
¿Duermen los niños lo suficiente? ¿Dormimos los adultos lo suficiente? Al parecer no todo lo que se debería y ¿cómo vamos a poder estar al día siguiente atentos, concentrados, relajados?

¿Qué pasa con el ejercicio? Muchos de nuestros niños, después de jornadas escolares larguísimas, tienen que hacer tantos deberes que no les queda tiempo para el ocio y el deporte. Es más, a muchos de nuestros hiperactivos, se les limita la actividad física como castigo:”Hoy no vas a fútbol porque te has portado mal en el colé”, o “hoy no sales al recreo para ver si te centras un poco”, son frases que nos suenan a todos y aunque podamos encontrar justificación para ellas, desde luego no benefician. ¡Ah! Y qué decir de los atareados adultos que nunca encuentran algo de tiempo para salir a caminar, a correr o a bailar.

¿Tenemos una pastilla para cada problema?

Los problemas de la vida, las frustraciones del día a día, los duelos, las enfermedades de los seres queridos, el sufrimiento… no se cura con pastillas. Eso no quiere decir que en algún momento de la vida, después de visitar a un especialista, una persona no pueda tomar durante una corta temporada algo que calme su ansiedad, pero deberá ser una corta temporada. Alargar los tratamientos no es la solución. Esta solamente está en el autoconocimiento, en la aceptación, en la reconciliación con los dolores del pasado y con los conflictos del futuro, sabiendo que existen, que nos llegan.

Nuestra sociedad, la española, ha pasado de los remedios caseros, respuestas basadas en la experiencia que, si bien no siempre daban resultado, al menos no eran nocivas para la salud, a los remedios recetados. La respuesta siempre viene en formato píldora, comprimido, pastilla.

De esta forma ¿qué mensaje estamos trasmitiendo a nuestros niños? ¿Que les estamos enseñando a nuestros adolescentes? ¿Les explicamos qué deben hacer para controlar sus impulsos y modular sus emociones?¿Les permitimos expresarlas sin hacerse daño a sí mismos o a los demás? ¿Les proporcionamos una clima de estabilidad basado en la reflexión y el empeño de hacer las cosas, con errores, pero lo mejor posible?

Estas y mil preguntas más me vienen a la cabeza, como un tsunami, como un tornado.

Opino que no es correcto lo que está pasando y que no lo deberíamos permitir. No se puede medicar lo que se puede aprender. No existe la pastilla de aprender inglés o ruso, no existe el jarabe de aprender matemáticas o lengua. Hay que estudiar, esforzarse, dedicarle tiempo.

No hay ansiolítico que ayude a vivir con la pena de ver a un hijo enfermo, ni antidepresivo que le devuelva el trabajo a alguien que lo ha perdido.

La conducta, el autocontrol, la resolución de los conflictos, son asignaturas que se aprenden a través del autoconocimiento, de la experiencia. La mejor receta no es la que firma un médico. Hay otras salidas.

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