¡Ya estamos de vacaciones!

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Para muchos padres estas fechas son motivo de más preocupaciones, porque ahora no saben qué hacer con los niños, cómo ocupar su día, cómo ajustarse a los nuevos horarios. En las familias en que ambos padres trabajan, surge el debate de optar, si es posible, por los socorridos abuelos, o por las actividades que preparan ayuntamientos o centros privados para acogerlos. Otros más afortunados pueden disfrutar de las vacaciones, olvidarse de la esclavitud del reloj y esperar a que de nuevo comiencen las clases.

Pero hay otro grupo de padres, que además de tener que solucionar estos temas, tienen otras demandas. Son los padres de niños con dificultades escolares.

Uno se pregunta qué está pasando, cuál es el motivo de tanto fracaso escolar y desde edades cada vez más tempranas. Actualmente estamos ante un  5% de niños con déficit de atención con hiperactividad; un 5% de niños con dislexias o disfunciones en el área de la lecto-escritura;  un 7% de niños con bajo peso al nacer, que siempre, tarde o temprano, y debido a su inmadurez neurológica, acaban manifestando disfunciones de una u otra categoría, y de una u otra intensidad; y un 3% de otros con patologías diversas, que también forman parte de esta elevada cifra de niños con dificultades escolares. Es decir, alrededor de un 20% de nuestra población en etapa primaria tiene problemas de aprendizaje.

Cuando llegamos a la etapa de secundaria volvemos a detectar resultados desfavorables con respecto a lo que ya consideramos fracaso escolar. En esta etapa a dichos resultados hay que sumar los propios de la adolescencia: los cambios hormonales y físicos que trastornan tanto la vida de los jóvenes.

Detrás de estas frías estadísticas hay una serie de familias que se sienten desbordadas ante tanta preocupación.

La obligación de los profesionales que nos dedicamos a tratar todas estas dificultades es dar respuestas, desculpabilizar a los cientos de padres que confusos se preguntan si estarán haciendo las cosas bien, si les estarán prestando a sus hijos la ayuda suficiente. Atender en principio a esos padres, aminorar su angustia, es para mi lo prioritario.

Tener un hijo con problemas no debe generar otros problemas. Cuando los padres se relajan y son capaces de comprender que sus niños no fracasan porque quieren, sino porque hay algo que les dificulta el aprendizaje, entonces son más eficaces los programas de intervención que se planifican para sus hijos.

Con estos programas, con unos padres que se involucren en el proceso de rehabilitación de sus hijos como co-terapeutas, y con la labor inestimable de muchos profesores que demuestran cada día que la suya es un profesión vocacional que ejercen por amor a la enseñanza, es como los niños con dificultades de aprendizaje, tras un periodo más o menos largo y dependiendo de la patología que tengan, van saliendo adelante.

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