Tratamiento para el daño cerebral adquirido (DCA)

Daño Cerebral adquirido

Según la FEDACE (Federación Española de Daño Cerebral) actualmente existen en España 400.000 personas que sufren este tipo de daño. Cuando hablamos del DCA nos referimos a ¨lesiones sobrevenidas que afectan al cerebro, previamente desarrollado, debido a distintos factores causales, y que son producidas, en gran parte de los casos, de forma súbita.¨

El DCA, más frecuente en hombres que en mujeres, es producido por varias causas. La primera de ellas afecta a más de la mitad de estos 400.000 pacientes (78%) a quienes les ha sobrevenido el daño por un Accidente Cerebro Vascular (ACV). El ACV, más conocidos como ICTUS, es una interrupción del flujo sanguíneo en una zona del cerebro que tiene como consecuencia la afectación de las funciones cognitivas y / o motrices asociadas a dichas zonas. Probablemente los hábitos de vida, el estrés, el sedentarismo, la obesidad y muchos otros factores, estén provocando este tipo de situaciones que tan devastadoras consecuencias tienen para quienes las padecen.

En segundo lugar el DCA es causado por Traumatismos Craneoencefálicos (TC). Los accidentes de trafico, los accidentes laborales, las caídas desde un columpio en parques infantiles mal acondicionados, peleas entre adolescente ,etc., son el origen de este tipo de lesiones que, como en el caso anterior, dejan afectada un área del cerebro y en consecuencia sus funciones.

El resto de los casos que se contemplan en las estadísticas se deben a problemas derivados de falta de oxígeno en el cerebro (anoxia), infecciones, o secuelas producidas por tumores.

Pero sea cual sea el origen del DCA, el impacto que se produce en una familia cuando ocurre, es enorme. Estos pacientes pierden parcial o totalmente su autonomía, se vuelven, de la noche a la mañana, sujetos dependientes que necesitan a sus familiares absolutamente para todo.

En un principio, el sistema sanitario cubre todas sus necesidades. Durante el tiempo que se encuentran hospitalizados la familia debe prepararse para los cambios que habrá que adoptar. Pero una vez que el paciente es dado de alta, comienza el verdadero encontronazo con la realidad. Al dolor y a la impotencia de quien sufre el daño, se suma el dolor y la impotencia de quien cuida al dañado.

La comunidad científica está de acuerdo en que cuanto antes se pongan en marcha mecanismos rehabilitadores, mejor será el pronóstico del caso.

Cuando estos pacientes vuelven a casa necesitan lugares preparados para llevar a cabo dicha rehabilitación. Lugares en donde se les preste, así mismo, la asistencia psicológica, que a nivel familiar e individual, les capacita para seguir adelante.

Por lo tanto, la intervención, en función de la afectación que haya generado el daño, deberá ser realizada por un equipo de profesionales con competencia para llevar a cabo los programas de rehabilitación.

Independientemente de los tratamientos médicos que el sujeto necesite, su rehabilitación precisará en la mayor parte de los casos de neuropiscólogo, fisioterapeuta, logopeda y psicólogo clínico.

Desde el año 2002, año en el que el Centro de Psicología, Neuropsicología y Logopedia RECURSOS, comienza su andadura, nuestro equipo se ha dedicado por un lado, al tratamiento de sujetos en la etapa infanto-juvenil (Trastornos del desarrollo, Trastornos de Déficit de Atención, Hiperactividad, Impulsividad, Trastornos de Conducta, Trastornos del Lenguaje y en el Aprendizaje) y, por otro, a la clínica de adultos. En el año 2010, asumiendo una nueva responsabilidad, comenzamos en el centro tratamientos para sujetos con daño cerebral sobrevenido. Durante este tiempo hemos aprendido de ellos y con ellos que todo es demasiado inmediato. La vida lleva asociado el dolor de lo inesperado. Entre la salud y la enfermedad hay un instante.

Una vez mas, la reflexión nos lleva a centrarnos en los beneficios, a tomar conciencia de nuestro momento presente, que no se escapen los ratitos. Con uno de mis pacientes disfruté de algunos muy especiales. Para rehabilitar su lenguaje cantábamos canciones y, rememorando a Serrat, él de forma entrecortada y yo de forma más fluida, conseguimos formar frases tan maravillosas como:

“Son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas, en un rincón, en un papel o en un cajón”.

Nuestra profesión está llena de pequeñas-grandes cosas. Una de ellas es poder colaborar en la rehabilitación de personas que, de un momento para otro, han perdido la autonomía, han pospuesto sus planes, han tachado las citas de su agenda, han visto cómo los pactos con su futuro tomaban un rumbo diferente, han borrado las huellas de sus recuerdos, y se han convertido en sujetos distintos, inesperados.

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